Guardas de Castilla

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Evolución orgánica

La primera unidad de caballería con carácter permanente de nuestro Ejército tiene, en un principio, consideración de Guardia Real. Creada el 3 de mayo de 1493 con la denominación de Guardas de Castilla, pasa pronto a constituir el núcleo de la caballería del ejército peninsular.

Surge de la necesidad de contar con una tropa más compacta que la Santa Hermandad, y que esté directamente a disposición de la monarquía y no repartida por toda la geografía peninsular.

El nuevo cuerpo cuenta, según el decreto fundacional, con 2.500 caballos, divididos en 25 compañías a 100 plazas, repartidas según la siguiente distribución:

CADA COMPAÑÍA PLAZAS PLANA MAYOR PLAZAS
Capitán 1 Capitán general 1
Teniente 1 Alcaide 1
Alférez 1 Contador general 1
Trompeta 1 Alguacil 1
Hombre de armas 80 Escribano 1
Lanza jineta 20    
Subtotal 104 Subtotal 5
25 COMPAÑÍAS 2.600 TOTAL CUERPO 2.605

Las Guardas de Castilla, como las bandas de ordenanza de los Países Bajos o la caballería estatal de Nápoles y Milán, Constituyen el último residuo de la caballería feudal. Sus capitanes proceden de la más alta nobleza, aunque sus compañías las sirvan generalmente sus tenientes. Los empleos son perpetuos, como las encomiendas de las órdenes militares.

En 1503 las Guardas de Castilla se articularon en capitanías de hombres de armas (988 plazas) y capitanías de lanzas jinetas (1.843 plazas).

En 1509, con motivo de la conquista de Orán, el cardenal Cisneros las refuerza con una compañía de escopeteros a caballo. Algunos autores la consideran como un primer precedente de los dragones, pues utilizan los caballos como medio de transporte para alcanzar posiciones ventajosas desde donde hacer fuego con efectividad. Ese año las Guardas de Castilla vuelven a reorganizarse, reduciéndose su fuerza a 800 hombres de armas y otras tantas lanzas jinetas.

Esta organización no duró mucho, pues en 1512 volvieron a dividirse las Guardas de Castilla en 26 compañías de línea y 17 ligeras. Cada una de ellas contaba con una sección de espingarderos a caballo.

En 1525 el cuerpo está compuesto por 18 compañías de hombres de armas y 17 de lanzas jinetas[1].

En 1538, las Guardas de Castilla tenían 961 hombres de armas y 655 lanzas jinetas[2], cifras que demuestran claramente la decadencia experimentada por la caballería pesada como consecuencia de la evolución de las armas de fuego.

En 1551 Carlos I de Habsburgo ordena que una de sus compañías resida permanentemente en palacio para desempeñar funciones de Guardia Real exterior. Desde entonces se conoce como Compañía de los Cien Continuos.

Al subir al trono Felipe II de Habsburgo en 1556, las Guardas de Castilla están compuestas por 17 compañías de hombres de armas y 11 de lanzas jinetas.

En 1560 las compañías de lanzas jinetas se transforman en compañías de herreruelos.

En 1579 se crean en cada compañía de hombres de armas 12 plazas de arcabucero a caballo, con la misión de cargar a los flancos del enemigo en caso de que los herreruelos no hayan podido desconcertarle.

Durante el reinado de Felipe III de Habsburgo todas sus compañías tienen 50 plazas, excepto las de arcabuceros, que tiene 60.

En 1649 la plana mayor pasa a estar compuesta por un teniente general, dos comisarios generales, dos ayudantes y un furriel mayor.

Con algunas de las compañías ligeras que sirven en Extremadura se forma en 1662 un trozo de coraceros para participar en la guerra de Restauración de Portugal (1640-1668). El mando recae en Sancho Fernández de Angulo y Sandoval, quien lo retiene hasta su disolución. Ese año las Guardas se ve reducidas a 20 compañías, de las cuales 5 son ligeras.

Sus 18 compañías pasaron su última revista en la Casa de Campo en 1694 antes de intervenir en la guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697).

Operaciones

Tuvieron su bautismo de fuego en la conquista de Navarra, al mando del II duque de Alba e intervinieron en la expedición a Nápoles de 1504 al mando del Gran Capitán, en la de Orán organizada en 1508 por el cardenal Cisneros y en la de Túnez de 1534 con el III duque de Alba. Posteriormente se concentraron en la defensa peninsular mientras se creaban tercios expedicionarios en Milán y los Países Bajos. El renacimiento de la infantería, armada ahora con las nuevas armas de fuego (arcabuz, mosquete), relegó esta caballería pesada a un papel secundario en las batallas. Tras su participación en la sublevación de Portugal (1640-1668), fueron languideciendo progresivamente.

Hombre de armas y escopetero de las Guardas de Castilla

Referencias

Notas

  1. AGS, Est. 40
  2. AGS, Est. 442.

Bibliografía

  • Clonard, Serafín María de Sotto Langton, conde de. Historia Orgánica de las armas de infantería y caballería españolas. D. B. González. 1851.
  • Silvela Miláns del Bosch, Juan, Julio Albi de la Cuesta y Leopoldo Stampa Piñeiro. La caballería española: un eco de clarines. Tabapress. 1992.
  • Sotto Montes, Joaquín de. Síntesis histórica de la caballería Española. Escelier. 1969.