El 10 de febrero de 1893 López Domínguez regresó a la cartera de Guerra y adaptó el proyecto de Azcárraga a una nueva organización territorial mediante el Real Decreto de 10 de febrero. No obstante, los problemas presupuestarios aplazaron la entrada en vigor del nuevo modelo hasta el 29 de agosto. Los catorce distritos se reagruparon en siete regiones militares (RM), todas al mando de un teniente general pese a que ese año había cinco capitanes generales: Pezuela, Pavía, de la Concha, Martínez Campos y Jovellar. Los archipiélagos seguían constituyendo dos capitanías, y se creó una segunda comandancia en Melilla. Los generales en jefe de las distintas regiones, capitanías o comandancias ostentaban el mando de todas las fuerzas activas y en reserva que las guarnecían. En cada región se organizó un cuerpo de ejército (CE) con dos divisiones de infantería (DI) salvo el CE 1, que tenía una tercera de reserva; y el CE 6, que también tenía tres pero a costa del CE 5. Cada división contaba con dos brigadas de infantería a dos regimientos y sin apoyos. La numeración de las brigadas se reiniciaba en cada división y la de estas en cada cuerpo, pero siempre con cifras arábigas.
El proyecto original contemplaba una reducción de la infantería a 50 regimientos activos y 50 de reserva, pero cuando fue retomado se establecieron 56 regimientos activos, 56 de reserva (numerados a continuación de los activos). Los 6 regimientos repartidos entre África y las Baleares se numeraron aparte.
La infantería ligera contaba con 20 batallones de cazadores, encuadrados en 10 medias brigadas que se repartían de forma desigual entre cuerpos y divisiones.
García Ferrer, Carlos et al. Vigilantes en las cumbres. Lérida: Ministerio de Defensa, 1995.
Gómez Ruiz, Manuel y Vicente Alonso Juanola. El Ejército de los Borbones, t. 7 Gobierno provisional, Amadeo I, Alfonso XII, la Regencia. Madrid: Ministerio de Defensa, 2006.