Campaña de Milán

De Caballipedia
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1521

Roto el tratado de Noyon, Carlos decide expulsar a los franceses de Milán y restituir el ducado al feudo imperial, entregándolo a Francisco Sforza. Para ello, el embajador don Juan Manuel consigue una liga con el Papa, aprovechando que los franceses le habían ocupado Parma y Plasencia, mientras que Lautrech, gobernador francés de Milán, andaba proveyendo a su interés los beneficios eclesiásticos.

El emperador nombra capitán general a Próspero Colonna y el papa a Federico Gonzaga, marqués de Mantua, quien devolvió a Francisco I el collar de san Miguel con el que le había honrado poco antes. En recompensa por sus servicios, Carlos I le nombraría duque en 1530.

Ambos caudillos se trasladan por tierra a Lombardía con un campo (ejército) de 6.000 italianos, 2.600 guardias vaticanos y 500 caballos ligeros. El 1 de agosto llegan a Parma, defendida por el señor de Lescu y Fadrico Bozzolo de la casa Gonzaga. Llega el marqués de Pescara (antes Aterno) comandando 1.500 españoles reclutados en Nápoles y Roma, otros 1.000 que habían desembarcado en el puerto de Piombino y los hombres de armas, cuyos capitanes eran:

  • Fernando Alarcón (comisario general).
  • Marqués del Vasto;
  • Pietro Cardona, conde de Collesano (Golisano);
  • Antonio de Leiva;

Otros 1.500 españoles habían partido hacia Génova en las galeras del condottiero Jerónimo Adorno. Cuando llegan no pueden tomarla y se unen al resto del ejército imperial en la ribera del Lença, a ocho millas de Parma. Allí acude también Jerónimo Morón en nombre de Francisco Sforza. Ante el riesgo de que los venecianos y suizos se unan a los franceses, el emperador ordena al coronel Jorge de Frundsberg que reclute 4.000 lansquenetes alemanes y 2.000 grisones. Todos se reúnen en Mantua, donde les espera el marqués de Pescara con 20 compañías de españoles y un total de 4.000 infantes, siendo su maestre de campo Juan de Urbina. Antonio de Leiva manda la caballería.

El 29 de agosto se ataca Parma, donde los franceses habían cometido tantos abusos que sus habitantes se habían pasado al bando imperial. El 8 de septiembre se toma del barrio de Ponte, pero el otro lado del río resiste y recibe refuerzos del general francés Lautrec, hermano de Lescun: 4.000 infantes, 8.000 esguízaros, 5.000 gascones, 6.000 aventureros, 1.000 hombres de armas, 1.000 caballos ligeros. Se les une Teodoro Tribulzi, milanés al servicio de Venecia con 8.000 italianos, 500 hombres de armas y 1.000 caballos ligeros. Viendo Próspero que no puede tomar Parma, el 12 de septiembre levanta el campo a pesar de la oposición de Pescara, con quien comienza una enconada rivalidad. El papa intenta mediar entre ambos, enviando a Julio de Médici como legado.

El 29 de septiembre el campo imperial se encamina a tomar Milán. Lautrec avanza hasta Parma y saca a Lescun con todos los franceses y se dirige a defender Milán, dejando a los italianos con Federico Bozoli. Llega el cardenal de Sión con 12.000 suizos y Antonio Pucio con 2.000 italianos para reforzar el ejército papal.

El maestre de campo Juan de Urbina cruza el río Adda en barca con 30 escopeteros y toma un palacio en Babar[1]. Pasaron cinco compañías de españoles cuyos capitanes eran Urbina, Alonso de Córdoba, Felipe Cerbellón, Jerónimo Tomás y Guzmán[2]. Cuando llega en su ayuda Giovanni de Médici con caballería ligera, los franceses se retiran a Milán, que fortifican. Pescara toma 500 escopeteros y va a Betyno, uno de los bastiones de la ciudad, guardado por los venecianos de Tribulzi, que es herido y capturado. Lautrec se retira a Como, después a Lecco y finalmente a Cremona con Lescun.

El 22 de noviembre Próspero toma finalmente Milán, sin resistencia. Después envía a Pescara y Urbina a Como con 1.000 infantes, 50 lanzas y 50 jinetes. Allí se rinde Vendome, pero los españoles saquean la ciudad y el bagaje de los defensores durante su retirada, para disgusto de Pescara. Entretanto, muere el papa según unos de sus excesos y según otros de un veneno. Ante la previsible falta de dinero, Próspero paga a los suizos, grisones e italianos y los despide, para evitar motines. Los españoles y alemanes se asientan en Alejandría, capital del Ultrapó, para vivir de la tierra hasta la llegada del verano y de nuevas remesas de dinero.

1522

En 1522 el nuevo papa, Adriano de Utrecht, levanta un nuevo contingente de 5.000 infantes entre los españoles que habían servido como mercenarios en Roma, poniéndolo a las órdenes del condottiero italiano Próspero Colonna, capitán general del emperador en Italia.

Próspero envía a Adorno a Alemania a reclutar 4.000 lansquenetes. Lautrec recluta 22.000 suizos, que suma a los 8.000 suizos y 5.000 gascones, 6.000 aventureros, 1.200 lanzas y 2.000 jinetes que ya tenía, además de 8.000 infantes, 500 lanzas y 1.000 jinetes de Venecia. Con ese ejército puso cerco a Milán.

Próspero entregó Pavía a Antonio de Leiva con 2.000 españoles e italianos, 300 lanzas y 100 jinetes, además de otros 2.000 alemanes que habían invernado en Plasencia con el marqués de Mantua. Él retornó a Milán con 4.000 españoles, 9.000 alemanes, 2.000 italianos, 600 lanzas y 1.000 jinetes. A Novara envió 2.000 soldados al mando de Filippo Tornielli, y a Alejandría al vizconde de Néstor con 1.500.

Marco Antonio Colonna y Camilo Tribulzi intentan espiar las murallas para Lautrec, pero son sorprendidos por un artillero español que los mata. Próspero llora a su traidor hermano en el Duomo. El duque Francisco Sforza llega a Milán con 6.000 lansquenetes, lo que disuade a Lautrec de intentar tomarla.

Lescun llega a Génova con refuerzos y es enviado a tomar Novara, defendida por el conde Tornielli. Tras eso se une a Lautrec en el cerco de Pavía, que es reforzada por tres banderas españolas: comendador Cervera, Felipe Cerbellón y Santa Cruz (arcabuces).

El 7 de abril Próspero sale de Milán para contracercar Pavía, produciéndose una gran escaramuza donde mueren muchos franceses y se les arrebata tres estandartes. Giovanni de Médici se pasa al bando francés y traba combate singular con Juanote de la Rosa, que queda muy malherido. Viéndose rodeado, Lautrec se retira a Milán con su ejército, en el que aparece el español renegado Pedro Navarro.

Como los suizos temen por sus pagas, amenazan con retirarse del campo francés, por lo que Lautrec decide presentar la batalla de Bicoca, el 27 de abril de 1522. Próspero embosca a Lautrec con su ejército, siendo sus jefes: Pescara, duque de Tratto, duque de Termenes, marqués de Civita de Sant Angelo, conde de Collesano, Antonio de Leiva, Jorge Frundsberg y el comisario Fernando de Alarcón. Antes de que comience la batalla, llega al campo el duque de Milán con 6.000 infantes y 400 jinetes. Lautrec ordena que los suizos cerraran con el centro español y alemán, mientras que los venecianos atacasen de flanco y la Gendarmerie y los gascones lo hiciesen por la retaguardia.

Coloma previó esta maniobra y ordenó proteger dicho flanco con 3 banderas de infantería y 300 lanzas. En la retaguardia situó a Antonio de Leiva y a don Juan de Cardona, con 400 lanzas y alguna arcabucería española. Los españoles dejaron aproximarse a los suizos y solo cuando estaban a sesenta pasos abrieron fuego de arcabucería y artillería, destrozando el cuadro y poniéndolo en fuga tras perder 5.000 hombres, además de otros 7.000 de otras naciones. Los venecianos también reciben gran daño de las tres banderas, 300 lanzas y 200 jinetes españoles que protegían el flanco. Y lo mismo le ocurre a Vendome, que había atacado la retaguardia con sus gascones, si bien Cardona murió por una saeta que le entró por el almete alzado. Paradójicamente, en estas mismas fechas murió en Nápoles su pariente Ramón Cardona, que había sido su virrey desde los tiempos de Fernando el Católico. Le sucedió en el cargo Carlos de Lannoy.

Antes de que Próspero pudiera mover el campo, se amotinan los alemanes, que le exigen seis pagas. Lautrec se retira a Monza, donde licencia a sus hombres excepto una guarnición para Lodi. De allí son desalojados por Pescara. Lautrec pasa entonces a Vicenza y deja la defensa de Cremona a Lescun. Próspero acepta las condiciones de este de rendir incondicionalmente no solo esta plaza, sino todas las que Francia poseía en Lombardía si en un plazo de cuarenta días no recibiera refuerzos (como así ocurrió).

El campo imperial pone después sitio a Génova, defendida por Ottavio Fregoso. Francisco I levanta 14.000 hombres en Gascuña y Narbona, que pone al mando de Robert Scott, y envía por delante una flota al mando del traidor Pedro Navarro. El marqués de Pescara planta la batería y lanza a los españoles por la brecha. Navarro sería capturado por Juan de Urbina, quien había servido a sus órdenes como soldado durante las campañas del Gran Capitán. Una vez tomada y saqueada la plaza, el emperador ordenó restablecer su gobierno legítimo en manos de los Adorno y que el ejército partiera hacia Saluzzo y Asti, en el Piamonte, donde el ejército francés prefiere retirarse a combatir.

El día de Santiago, el capitán general Próspero Colonna pasa muestra al Ejército de Italia, entre cuyos capitanes se encuentra Francisco Villaturriel, uno de cuyos arcabuceros era el bisoño Martín García Cerezeda.[3].

Después parten a Lombardía, donde Próspero manda tres banderas a tomar el domo de Ossola, en la frontera suiza, otras seis van con Pescara a Iseo, frontera con los grisones. Tras rendir su castillo, Próspero licencia a los alemanes ante la imposibilidad de pagarles. Don Juan Manuel emprende una embajada para conseguir 140.000 ducados de Florencia, Milán, Luca, Siena y Génova, fin de mantener sobre las armas a los españoles. A Venecia envió a Adorno para asentar la paz, pero este murió por el camino y el trato no se cerró hasta nueve meses después gracias a Merino Caracciolo. Pescara viaja a España para ser recibido por el emperador.

1523

El marqués de Pescara marcha a España a entrevistarse con el emperador y mostrarle su disgusto por no haber recibido el cargo de general en lugar de Próspero, al llevar sirviendo en Italia desde mucho antes. Marcha con él don Juan Manuel, a quien releva como embajador en Roma el duque de Sessa, don Luis de Córdoba, hijo del conde Cabra, casado con la hija del Gran Capitán.

Cuando Próspero aloja a su ejército en el ducado de Saboya, el rey de Francia decreta una movilización general para desalojarlo. El duque Carlos de Borbón, condestable de Francia, se pasa al bando imperial. Carlos recluta 12.000 alemanes con los que pretendía invadir Borgoña al mando de Borbón, pero como este había pasado directamente a Italia, los alemanes fueron fácilmente derrotados, pasándose muchos al campo francés. Renato de Saboya ocupa las tierras de Borbón, y el almirante de Francia, Guillermo Bonnivet, marcha al Piamonte.

Carlos pacta una liga con el papa y las señorías de Florencia, Venecia, Génova, Siena y Luca para defender Italia de los franceses. Próspero recluta 6.000 alemanes y 5.000 italianos. Además, llegan a Italia dos nuevos contingentes de infantería española, uno de 800 mercenarios al servicio del almirante de Francia y otro de 900 efectivos al mando de los capitanes Juan de Mendoza, Clavero y Segura.

Leiva deja tres banderas en Alessandria y se desplaza a Asti con la mayor parte de la infantería y la caballería. Desde allí cerca Valenza del Po, donde se ha levantado Galeazo Virago en favor de los franceses. El alcaide de Milán, Massaron, rinde el castillo a Próspero el 25 de julio, quien lo entrega al duque Sforza. Entran de guarnición 4.000 españoles y otros tantos alemanes.

A comienzos de septiembre el almirante de Francia entra en el Piamonte con 30.000 franceses, 1.000 lanzas, 2.000 jinetes y 2.000 ballesteros a caballo, reuniendo a todos los partidarios que tenía en esa región. Próspero ordena a Leiva que se repliegue de Asti a Alessandria, enviando a su guarnición de 2.000 italianos a Cremona, al mando de Francisco Salomón.

Antonio Leiva deja a la compañía de Francisco Villaturriel de guardia en un puente del Tesino entre Vigevano y Abbiategrasso, donde retienen durante un día y medio a todo el campo francés[4]. Llega en su defensa Giovanni de Médici (que había vuelto al bando imperial) con 100 jinetes y 100 arcabuceros. Próspero los refuerza con tres banderas italianas.

El 14 de septiembre envía Próspero a Antonio de Leiva a Pavía con 8 banderas de infantería, 3 estandartes de jinetes y 2 de lanzas españoles, más el conde Filippo Tornielli con una coronelía de infantería y dos compañías de jinetes italianos. Pero se enfrascan unos contra otros y, finalmente, los italianos abandonan Pavía.

El 17 de septiembre llega el ejército francés a las puertas de Milán. El almirante envía a su lugarteniente, Pierre Bayard con 8.000 infantes y 10 cañones a tomar Lodi, defendida por el marqués de Mantua con 500 infantes italianos y 500 jinetes. Viéndose en inferioridad, abandona la ciudad y se reúne con el duque de Urbino y su campo de venecianos.

Bayard pone sitio a Cremona, donde su guarnición había sido reforzada por los italianos salidos de Pavía. Una tormenta que dura cuatro días les deja sin vituallas, por lo que levanta el cerco y regresa a Milán, cercada por el almirante. Próspero ordena a Mantua que entre en Pavía y desde allí hostigue las columnas de avituallamiento francesas.

A primeros de noviembre llega de Nápoles Hernando de Alarcón para aconsejar a Próspero en ausencia de Pescara[5]. Inmediatamente traba una escaramuza contra los franceses para reconocer sus fuerzas. Otra noche, Juan de Urbina organiza una encamisada con 600 españoles, en la que arrebatan 4 banderas a los franceses sin apenas bajas. Pocos días después, Alarcón manda al capitán Martín Sancho capturar a dos nobles franceses, pero muere en la escaramuza y es relevado por su alférez Cristóbal Arias.

El almirante contrata a una espía, que traba amistad con Morgante de Parma, cabo de la coronelía de Médici que tenía a su custodia una de las puertas de la ciudad. Este intenta la colaboración de Giovanni de Ferrara, cabo de la coronelía de Stefano Colonna, que montaba guardia a la entrada adyacente. Pero este cabo se lo cuenta a su coronel y este a Médici, que ordena pasar por las picas a Ferrara y a sus cómplices. Días después, Juan de Urbina protagoniza otra encamisada en la que tomó 5 banderas sin perder ningún hombre.

A finales de noviembre, el almirante se entera de que el virrey de Nápoles se aproxima con refuerzos, por lo que decide levantar el cerco a Milán. Alarcón sale en su persecución con 500 jinetes, 300 lanzas, 1.000 infantes españoles y 1.000 alemanes. Refugiado en Abbiategrasso, envía a Renzo de Ciere a tomar Arona, que resiste un mes. En diciembre llega el virrey, Carlos de Lannoy, y le obliga a retirarse. Lleva consigo 6 banderas españolas, 4.000 italianos, 4 cañones y la caballería del reino[6]. En Nochebuena arriban a Pavía y a finales de año a Milán. El 23 había fallecido Próspero Colonna.

Paralelamente, la curia elige como nuevo papa a Julio de Médici con el nombre de Clemente VII. Como pretende hacer las paces entre los reyes cristianos, decide abandonar la liga aunque renuncia a los diezmos de Nápoles para ayudar a sostener el ejército imperial.

1524

El 10 de enero el marqués de Pescara regresa a Milán desde España acompañado de un contingente de 1.500 infantes, entre los que se encuentra el capitán Juan de Lepe[7].

Lannoy pasa revista al ejército, tras la que organiza una encamisada con 3.000 españoles, 2.000 alemanes, 200 lanzas y 500 jinetes para combatir al almirante, junto a Pescara, Vasto, Alarcón y Urbina. El resto queda de guarnición en Milán con Borbón, Leiva y Médici. Los franceses son sorprendidos dormidos, y acaban muertos o despojados de todas sus pertenencias en apenas dos horas. Muchos de los que intentan huir son apresados por Giovanni de Médici.

El 5 de febrero una nueva muestra arroja un total de 800 hombres de armas, 1.000 jinetes, 5.000 infantes españoles, 8.000 alemanes y 2.000 italianos. Al día siguiente salen de Milán en dirección a Abbiategrasso. Algunos días después regresa también el duque de Borbón. Leiva sale de Pavía, donde deja al duque de Tratto, hijo del virrey, con su infantería italiana. El duque de Urbino llega a la Mota con 6.000 infantes y 400 caballos venecianos.

El 2 de marzo todo el ejército imperial pasa el Tesino y se aposenta en Gavalo. Desde allí, los venecianos son enviados a tomar Garlasco, pero fracasan en el intento. Antes de que se retiraran, Pescara envió 500 españoles sin bandera para no ofender a los venecianos, los cuales consiguieron tomar la plaza y saquearla.

El 26 de marzo Lannoy envía a Juan de Urbina con 2.000 españoles y 4 cañones sobre Sartirana, para asegurar la ruta de abastecimiento desde Monferrato y el Piamonte. El primero que consiguió escalar el muro fue Juan de Vargas, alférez de Urbina.

El almirante abandona Vigevano y decide retirarse a Novara, persiguiéndole la caballería imperial. El virrey envía a las coronelías del duque de Milán y de Médici a tomar Abbiategrasso y Lodi. Luego envía al marqués de Civita de Sant Angelo a que tome Vercelli con su compañía de lanzas (50) y dos de infantería española (500).

El almirante recluta 10.000 suizos, 5.000 grisones y 400 lanzas para proteger su retirada. El duque de Milán envía a Médici a cortarles el paso, a Gattinara y aquellos deciden regresar a Suiza. En el cruce del Tesino el ejército francés es emboscado por la caballería imperial al mando de Pescara y del conde de Potenza. Ambos consiguen capturar varias piezas de artillería y se disputan su posesión, por lo que el conde reta al marqués. Al no ser del mismo grado, este delega su defensa en el capitán de infantería Felipe Cerbellón, que espera al conde en Mantua y por eso no puede participar en la jornada de Marsella.

Médicis, toma Abbiategrasso, donde mata a sus 2.000 defensores. Pero allí sus hombres contraen la peste que contagian a Milán, donde mueren 100.000 personas.

El virrey plantea batalla al almirante en Romananchi, donde Urbina es herido por un arcabuzazo en el muslo. Hay numerosas bajas en ambos bandos hasta que a finales de abril llega Chaban con refuerzos suizos. Pescara, Alarcón y Leiva ordenan a los arcabuces que monten a las grupas de los caballos y salen a su encuentro, poniéndoles en fuga.

En contra del criterio del virrey, los generales españoles acuerdan perseguirlos. Bayard es capturado pero muere de un arcabuzazo, siendo entregado su cadáver al almirante con las honras que se merecía.

A comienzos de mayo el ejército imperial llega a Yvrea, donde el virrey ordena a Alarcón que continúe la persecución con 11 banderas españolas, 300 lanzas y 500 jinetes. Alcanzan a los franceses y les arrebatan otros 30 cañones, tras lo cual los supervivientes cruzan a Francia por Aosta. Se destaca Luis Pizaño, sargento del capitán Ribera. Al llegar a los Alpes, los españoles regresan y los suizos marchan a su tierra. Cuando llega a Francia, el almirante reconocerá que

Cinco mil españoles son cinco mil hombres de armas, y cinco mil caballos ligeros, y cinco mil infantes, y cinco mil gastadores, y cinco mil diablos[8].

Antes de regresar a Venecia, el duque de Urbino y sus hombres regresan a Lodi, donde rinden a los 2.000 franceses que allí habían quedado. Simultáneamente, Pescara rinde Alessandria, regresando ambas guarniciones a Francia, donde constituirían el grueso de la defensa de Marsella. El virrey paga y despide a los alemanes y reparte el ejército por la campiña, para evitar la pestilencia de Milán.

Expulsados los franceses de Italia, el duque de Borbón convence al emperador y al rey de Inglaterra de que ordenen una incursión en Francia, para arrebatarle al rey Marsella. Va por capitán general el marqués de Pescara, su sobrino el marqués del Vasto por general de la infantería y por comisario general el abad de Nájera. Se proveen 200.000 ducados que lleva Hugo de Moncada. El virrey envía a este por mar con 18 galeras y a Borbón, Pescara y Vasto por tierra, con 5.000 infantes españoles, 3.000 italianos, 8.000 alemanes, 500 lanzas y 500 jinetes. El virrey de Nápoles, el duque de Milán, Alarcón y Leiva quedan en el Piamonte con la gente de armas como reserva.

El capitán Gayoso y su compañía española transportan 14 cañones hasta Savona para embarcarlas en la flota napolitana de Hugo de Moncada. Al pasar por el condado de Tende, Borbón lo entrega al capitán Juan de Vargas en recompensa por sus servicios. De allí llegan a Niza, donde los imperiales son testigos de cómo la flota de Andrea Doria apresa una fragata española en la que viajaba el príncipe de Orange con las órdenes del emperador, que arrojó al mar para evitar su captura.

Cruzan la frontera con Francia, con el escuadrón español en vanguardia, el alemán en batalla, el italiano en retaguardia y la caballería a los flancos. Acompaña a Borbón la compañía francesa del capitán Pelus, que quedaría en el ejército imperial. En Antibes, Hugo de Moncada es atacado por la flota francesa, que años antes había capturado varias galeras napolitanas incluida la del virrey Ramón de Cardona.

Cuando llegan a Grasse, Pescara deja a la compañía italiana de Juan de la Piedra como guarnición, pero todos son asesinados. Un español es capturado mientras saqueaba una aldea y ahorcado a la vista de todos como escarmiento. El día de Santiago llegan a San Maximino, donde visitan un monasterio que decía albergar el cuerpo de Magdalena y otras reliquias. De allí a Aix, donde descansa el ejército hasta el día de la Virgen. Allí queda como gobernador el señor de la Mota y como guarnición la compañía española de Juan del Pescón.

El 16 de agosto alcanzan Marsella, que les recibe con mucha artillería tanto desde la fortaleza como desde la flota anclada en las islas Pomégues. Guarnecen la plaza Renzo da Ceri y Fadrico de Bozzoli con 9.000 italianos y gascones.

En una escaramuza hieren al alférez de Urbina, Rodrigo de Cuero, y a muchos soldados. Como Moncada no puede fondear en Marsella, lo hace en Tolón, adonde es enviado el capitán Biurre con sus caballos ligeros y 7 compañías de infantería a recoger la artillería. Allí queda de guardia la compañía de Villaturriel[9].

Cuando llegan a Marsella, el capitán ingeniero Martinengo comienza a trazar una trinchera, periodo durante el cual se producen algunas escaramuzas. En una de ellas, un italiano reta a Pizaño a duelo de picas pero, al comprobar los defensores que este cobraba ventaja, le arrancaron media mandíbula de un arcabuzazo. Pescara y Vasto también participaron en sendas justas. En otras escaramuzas mueren los capitanes Guzmán y Cantelano.

Acabada la trinchera, se asentó la artillería de Moncada y la capturada en Tolón, derribándose un lienzo de la muralla. Borbón no se decide a dar batalla por considerar que le costaría muchas vidas. Además, los espías en la corte francesa[10] le avisan de que Francisco I encabeza en persona una nueva invasión de Lombardía, al saberla desguarnecida. Se decide enterrar los cañones más gruesos para que no estorben el repliegue ni sean capturados por los franceses. Los capitanes Pedro y Juan de Mercado regresan a Tolón con el resto de la artillería para reembarcarla hacia Génova el 28 de septiembre.

El ejército comienza el repliegue, hostigado por Renzo da Ceri. Este consigue arrebatar una pieza a los alemanes, pero Pescara la recupera y desde entonces los españoles siempre forman a retaguardia. En Fréjus se les unen los Mercado y Villaturriel con sus compañías, que Pescara manda en vanguardia para que vayan haciendo acopio de vituallas.

Tras pasar por Mónaco, San Remo[11] y Finale, se internan en Saboya y cruzan el Po por Stradella. El 21 de octubre se reúnen en Pavía la plana mayor del ejército expedicionario y la del lombardo. Se acuerda que Leiva siga guarneciendo Pavía con 4.000 alemanes (Festtefriz), 1.200 españoles (Aponte, Pedro de Bracamonte, García de Manrique), 200 lanzas y 200 jinetes (comendador Urrías). El virrey y el duque de Borbón se van a Lodi con la caballería pesada, los italianos a Cremona; Pescara, Vasto y Alarcón a Milán. El duque Sforza había desamparado la ciudad, muy debilitada por la peste, y había ordenado a sus habitantes que se dispersaran por la campiña. Pescara y Lannoy le escriben para que mantenga su fidelidad del emperador, pero el duque pondera los beneficios de aliarse con el rey de Francia para salvarse.

Villaturriel y los Mercado intentan destruir un puente de barcas en el Tesino para que no lo tomasen los franceses, pero su vanguardia se les adelanta. Alguna caballería milanesa toma partido por Francia y hostiga al ejército imperial. Sus capitanes son Jerónimo Tribulzi, que sería muerto en Monza, Beljoyoso, Somaria y Popol.

En Milán, Alarcón y Pescara intentan salir a capturar informantes, pero el capitán Rodrigo de Ripalda se lo impide por miedo a lo que pudiera acontecerles y envía a su sargento Cristóbal Arias con 30 arcabuceros. Capturan a dos franceses que les informan que el rey estaba a tres millas con 2.000 gendarmes, 2.000 archeros, 6.000 suizos, 6.000 alemanes, 5.000 gascones y 5.000 italianos. A la vista de su inferioridad numérica, Pescara decide abandonar Milán y marchar a Lodi.

Cuando se percatan de que les persigue el almirante con 600 lanzas y 10.000 infantes, el propio Pescara les traba una emboscada junto a los capitanes Quesada, Ripalda y Alonso de Córdoba. Mueren tantos nobles franceses que el resto decide retirarse para evitar nuevas celadas. De esta forma, la columna puede entrar en Lodi sin mayores problemas el 23 de octubre. La guardia del virrey estaba al cargo de la compañía española del capitán Figueroa.

Allí tienen nuevo consejo y deciden que Pescara y Vasto queden en la ciudad junto a 5 banderas españolas, ya que carece de los bastiones necesarios para proteger al resto del ejército, que marcha a Cremona. Pero los trabajos para fortificarla avanzan con rapidez ya que los franceses no los hostigaron, por lo que quince días después de su llegada Pescara manda llamar a otras cinco banderas españolas, reuniendo así 3.000 infantes.

Francisco toma Milán sin resistencia y la entrega a Teodoro Tribulzi junto a 6.000 infantes y 500 caballos. De allí parte el 28 de octubre hacia Pavía, que cercó durante cuatro meses. Constaba el ejército francés de 1.500 lanzas, 2.000 jinetes, 12.000 suizos, 5.000 alemanes, 5.000 grisones, 7.000 aventureros y 7.000 italianos, estos al mando de Médici que había vuelto a cambiar de bando. Además, les acompaña una coronelía de 1.000 españoles al mando de Pedro de Guevara, a quien Pescara había ofendido quitándole su bandera en Milán.

Pescara sale de Lodi con 2.000 españoles y organiza una encamisada en Melza, donde se habían refugiado los traidores condes milaneses. Tribulzi trabó combate con el alférez Santillana, quien lo mató y luego plantó su bandera en el castillo de Melza. Al anochecer regresaron victoriosos a Lodi con un gran botín y muchos prisioneros, que Pescara ordenó liberar para granjearse la amistad de los italianos.

De Pavía llegan noticias de que los alemanes están a punto del motín por falta de pagas, por lo que el virrey envía al alférez Cisneros de la compañía de Ripalda con 5.000 florines de oro. Aquel reparte el dinero con un soldado de su confianza llamado Romero, y consiguen engañar a Guevara, quien guarda los accesos a Pavía con su gente. Una vez en la plaza, entregan el dinero a Leiva, quien consigue así calmar a los alemanes. El 7 de noviembre, Francisco planta una batería de siete horas, pero resulta infructuosa, perdiéndose 3.000 infantes italianos y 300 gendarmes en el asalto posterior. El rey intentó desviar el curso del Tesino, pero cuando casi había acabado la obra el 17 de noviembre sobrevinieron unas lluvias tan torrenciales que destrozaron todos sus reparos.

Ese mismo día, el papa envía contra Nápoles a sir John Scott, duque de Albany, con 2.000 alemanes, 2.000 italianos, 600 lanzas y 500 jinetes. En ponte Tremol se unió a Renzo de Chieri, que venía por mar con otros 6.000 infantes, y con otros muchos del bando de los Ursinos. Se les une Giovanni de Médici, sobrino del papa con otros 3.000 infantes. Pescara pone sobre aviso a Juan de Urbina, que seguía en Nápoles. Esta expedición tardó tanto en llegar a su destino, que antes se decidiría el destino de Italia en la batalla de Pavía, donde esos refuerzos habrían resultado vitales para el rey francés.

Leya apresta una salida con los capitanes Aponte, Pedro Bracamonte, Cristóbal de Torralba y el alemán Coradin junto a 1.000 hombres de todas las naciones para que destruyan un bastión del cerco defendido por cinco compañías de Médici. Les matan 800 hombres y les arrebatan cuatro banderas, a costa de solo seis heridos. Una nueva encamisada consigue matar otros 600 grisones y arrebatarles tres cañones.

Francisco, enfurecido, ordena a un coronel alemán a su servicio que convenza a Festtefritz para que les abra las puertas de la ciudad cuando le toque guardia. El engaño es descubierto por una prostituta alemana, y Leiva envía al puente a Bracamonte con 200 arcabuceros españoles. Cuando llegan los franceses, son recibidos a tiros y los alemanes ajusticiados, siendo nombrado nuevo coronel Juan Bautista Lodrone. Francisco vuelve a dar varias baterías y batallas, pero todas son ineficaces ante la férrea defensa de Leiva y sus hombres por lo que, finalmente, decide levantar el campo y retornar a Bereguardo.

1525

Este año Cerezeda menciona a un maestre de campo llamado Francisco Guastaldo, si bien le atribuye el mando de una compañía de caballos ligeros y solo cita a dos capitanes de infantería: Luis de Viacampo y Juan de Vargas.

El 6 de enero el duque de Borbón regresa de la corte del archiduque Fernando con 10.000 alemanes al mando del coronel Frundsberg y 200 caballeros alemanes y borgoñones. El marqués de Pescara reúne a los españoles y les ruega que no solo renuncien a sus pagas, sino que aporten de sus ahorros el capital suficiente para pagar a los alemanes, a fin de salir en campaña y abastecer la artillería, lo que todos aceptan. El contador Angilberto toma nota de cada préstamo a fin de reembolsarlo cuando llegase el dinero de España.

El 24 de enero Hugo de Moncada desembarca en Varazze, ciudad situada entre Génova y Savona. Mientras está en tierra, las flotas de Andrea Doria y fray Juanas atacan a la suya que tiene que hacerse a la mar. Moncada es capturado y muchos de sus capitanes muertos.

Ese mismo día sale el ejército imperial de Lodi en dirección a Marignano, con las banderas desplegadas y a ritmo de tambor. Marcha en vanguardia Fernando de Castriot, marqués de Civita de Sant Angel con 500 caballos. Le acompaña el capitán Chucar con su compañía de chapeletes albaneses. Detrás, el virrey Lannoy, capitán general del ejército, junto a sus lugartenientes, el duque de Borbón y Hernando de Alarcón, escoltados por 200 lanzas. El general de la infantería era el marqués de Pescara, e iba encabezada por un escuadrón de 6.000 españoles al mando del marqués del Vasto, siendo sus sargentos mayores Aldana y Passate. Ambos mandaban simultáneamente sus propias compañías de hombres de armas, que iban con sus tenientes en la retaguardia. Detrás iba el escuadrón de 2.000 italianos con sus capitanes Papapoda y Césaro de Nápoles. La artillería se reducía a 4 cañones de bronce y 2 lombardillas de hierro, tras la cual marchaban 200 gastadores milaneses que desaparecieron dos días después. En la retaguardia marchaba el escuadrón de tudescos al mando de Jorge de Austria.

El 29, el marqués de Pescara pone cerco a Sant Angiolo, en el camino entre Lodi y Pavía. Manda los 1.000 españoles el capitán Quesada. Matan 800 infantes y 200 jinetes, entre ellos sus caudillos Juan de Virago y Pirro de Gonzaga. Queda allí una compañía italiana y otra de caballos, y el resto se reúne con el campo imperial.

El 6 de febrero se pone contracerco a Pavía, donde les recibe una batería de 50 cañones franceses. Los siguientes días, Pescara realiza varias falsas encamisadas para agotar a los franceses que, al final, acaban por no caer en el engaño. Pero esto era lo que pretendía Pescara, que realizó una entrada masiva en el campo francés, matando a 2.000 y despojando al resto. Varias piezas de artillería fueron clavadas y otras arrojadas a un foso.

El capitán Santa Cruz entra con su compañía de arcabuceros por un portillo, haciendo muchas bajas a los franceses. En otra encamisada se captura a un centinela francés durmiente, del que se obtiene el santo y seña. Pescara, Alonso de Córdoba y 1.000 infantes españoles entran por ese hueco desprotegido, matando 500 franceses en busca de su rey, que andaba por Mirabel.

El 14 de febrero, conocida la necesidad de pólvora que tenía Leiva, se envían dos compañías de jinetes al mando de Salamanca y Francisco de Haro con varios sacos. La primera es capturada, pero la segunda consigue burlar el cerco francés y entrar en la plaza. Francisco enfurecido envía a un alemán al campo español con la consigna de convencer a sus compatriotas para que deserten, pero es descubierto y descuartizado.

El milanés Gaspar Moyano, que guarnecía Alessandría para el Imperio, emboscó una columna de refuerzos franceses que habían navegado desde Marsella a Saona. Otro capitán a sueldo de Francia, Juan Ludivo Palavicino, intentó tomar Cremona pero fue derrotado por Alejandro Bentivolla con el ejército del duque de Milán. Entre tanto, las privaciones que pasaba el campo imperial en Pavía eran tan grandes que en una alarma apenas formó la mitad del contingente, ya que el resto andaba disperso por la comarca en busca de alimento. Visto lo cual, el marqués de Pescara envió a Alonso de Córdoba y Felipe Cerbellón a que reunieran todos los hombres.

Se reunió el consejo a fin de debatir si replegar el campo a Nápoles y entregar Lombardía a los franceses, o plantear batalla. Pescara les dijo: deme Dios cien años de guerra y no un día de batalla, de la cual son tan varios y dudosos los sucesos y tan ciertos y calamitosos los peligros. Pero todos concordaron en que si levantaban el campo, el rey de Francia les perseguiría, por lo que la batalla sería igualmente inevitable. Así pues, se decidió plantear batalla campal al día siguiente, 24 de febrero. Pescara reunió a la infantería española y le confesó que no tenía dinero para pagarla ni alimentos para proveerla, y que una cosa y otra podrían conseguirlas en el campo francés, una vez derrotado.

Para avisar a Antonio Leiva, el capitán Arriano mudó su banda roja por la blanca francesa y se hizo pasar por soldado en la compañía de Giovanni de Médici. Una vez en la plaza hizo la señal convenida. Para evitar que pasaran espías al bando francés, Pescara emplaza las compañías de Luis Viacampo, Andrés de Herrera y Alonso Gayoso. A los capitanes Juan Santa Cruz y Juan Salcedo les encarga derribar el muro del parque, por el que a medianoche una encamisada de 5 banderas españolas se lanza sobre el palacio de Mirabel. Simultáneamente, los imperiales prenden fuego a su campamento, para dar a entender a los franceses que pretenden retirarse. Ignorante del ardid, Francisco ordena formar los escuadrones para emprender la persecución.

El español tiene 6.000 hombres y está mandado por el propio Pescara. Vasto pretende combatir a pie con ellos pero Pescara le niega el permiso y le ordena hacerlo a la cabeza de sus hombres de armas. El tudesco lo componen 12.000 lansquenetes y el italiano apenas 2.000, a los que se encomienda la guarda de la escasa artillería. Manda la caballería pesada el propio virrey, a la izquierda de los tudescos. La ligera despliega a la derecha de los españoles al mando del marqués de Civita de Sant Angel.

Estas iban encabezadas por el escuadrón de 500 gendarmes del duque de Alençon, flanqueado por 5.000 esguízaros. Detrás vienen el rey Francisco, Enrique de Navarra, el príncipe de Escocia, el almirante de Francia, el duque de la Paliza, el conde de Sant Pol, el marqués de Aubernia con otros 60 príncipes y 2.000 lanzas profusamente engalanadas. Les sigue la banda negra de infantería alemana, con más de 15.000 hombres. Tras ellos, tres escuadrones con 10.000 esguízaros, 15.000 italianos y 10.000 gascones y bearneses. Otros 10.000 franceses e italianos de a pie y a caballo quedaron sobre Pavía para impedir la salida de sus defensores.

El escuadrón italiano sufre el ataque de la caballería francesa y es deshecho, perdiéndose las escasas piezas. Los alemanes dudan y se echan al suelo, por el gran daño que les provoca la artillería francesa, pero Jorge de Frundsberg les convence de dar la talla como los españoles. A los capitanes Alonso de Córdoba y Rodrigo de Ripalda les ordena Pescara que tomen 200 arcabuceros[12] y protejan a los hombres de armas de la carga de la gendarmería francesa. Como Pescara les había dicho que los franceses no pensaban ofrecer cuartel, los arcabuceros no lo aceptaron y mataron a cuanto gendarme se les puso a tiro, incluyendo al almirante Paliza. El marqués de Civita de Sant Angel no empleó cadenas en lugar de riendas, lo que le costaría la vida al desbocarse su caballo y meterse entre las filas francesas, siendo alanceado por el propio Francisco.

Los españoles se dividen en dos escuadrones, el primero de los cuales carga contra Mirabel. El segundo acomete de costado contra un cuadro suizo que se encontraba trabado contra el alemán, y lo deshace. Luego 300 arcabuceros españoles se apoderan de la artillería francesa desjarretando a sus caballos, que utilizan como parapetos frente a los lanceros franceses. La banda negra se tropezó contra el escuadrón español de Pescara que en varias rociadas acabó con la mitad de sus filas. En este momento, Leiva que estaba enfermo, ordena salir de Pavía a 1.000 infantes para entretener a los italianos que cercaban la plaza y evitar que socorrieran al campo francés.

El duque de Alençon ordena retirada, que una carga española convierte en fuga hacia Milán. Como el hueco en el portillo era muy estrecho, los propios franceses se pisotean unos a otros en el frenesí de la huida. El capitán traidor Guevara protege con sus hombres un puente de barcas sobre el Tesino para facilitar la huida francesa, desbaratándolo después para evitar la persecución. Los supervivientes marcharon hacia Turín, desde donde entraron en Francia. Destruido el puente, más de 6.000 suizos que llegaron tarde optaron por echarse al río y perecieron ahogados.

El rey Francisco carga con sus hombres de armas, perdiendo tres caballos. Viéndose acorralado intenta escapar, pero es detenido por el guipuzcoano Juan de Urbieta. Este acepta su rendición pero tiene que dejarle momentáneamente para defender la bandera que portaba su alférez. En esto llega el granadino Diego de Ávila, quien le saca de debajo del caballo muerto y le arrebata el estoque. Otro gallego de nombre Pita le arrebata el collar de la orden de San Miguel. Una vez identificado por un lugarteniente de Borbón, es puesto bajo la custodia del comisario Alarcón. También caen presos el príncipe de Navarra y lo más granado de la nobleza francesa, falleciendo el resto. Además mueren 17.000 franceses y solo 2.000 españoles. Entre los heridos se encuentra el marqués de Pescara, que recibió una lanzada en el rostro y un arcabuzazo en el pecho.

Los generales españoles transmiten la noticia de la victoria a Roma, Venecia, Florencia, Génova y Ferrara, pidiéndoles dinero para pagar al ejército. Temerosas del poder del victorioso ejército imperial, todas las señorías se avienen a ello, dándoseles tres pagas a la tropa además del cuantioso botín. Los alemanes fueron despedidos y el campo español se movió al Piamonte, para estar más próximo a la frontera francesa y liberar al exhausto Milanesado de su sustento.

El 28 de febrero, el duque de Albany, John Stuart, que pretendía atacar Nápoles con 600 lanzas, 500 jinetes, 5.000 italianos y 3.000 gascones, es derrotado a las afueras de Roma por Stefano Colonna con solo 5.000 hombres. Los escasos supervivientes embarcaron en Civita Vechia en la flota de Andrea Doria.

Enterado el emperador de la victoria por el comendador Rodrigo de Peñalosa, ordena que en toda España se organicen procesiones de acción de gracias pero prohíbe los festejos. La mitad de sus consejeros pretenden invadir Francia aprovechando su extrema debilidad, pero el emperador se niega y envía a Adrián de Croy como embajador con las siguientes exigencias:

  1. Que se firme la paz entre ambos reinos.
  2. Que reúnan un ejército conjunto para combatir al Islam.
  3. Que se selle la alianza mediante la boda del delfín con María de Portugal.
  4. Que Francisco restituya a Carlos el ducado de Borgoña y las plazas ocupadas de Hesdin, Turenne y Artois.
  5. Que se restituya su estado al duque de Borbón, incluyendo el condado de Provenza que habría de transformarse en reino.
  6. Que se restituya al rey de Inglaterra cuanto le concierna.
  7. Que se libere al príncipe de Orange, a Hugo de Moncada y a los otros cautivos.
  8. Que se restituyan sus bienes a la reina Germana, a la infanta Margarita a y otros nobles.
  9. Que se ponga fin a las actividades corsarias y se restablezca el libre comercio por mar y tierra.

Francisco accedió a la mayoría de estas exigencias, pero no a la devolución del ducado de Borgoña, por lo que la situación se enquistó. Lannoy pretende apuntarse el éxito de la mediación para lo que envía a Anne de Montmorency con una carta a la reina Luisa solicitándole un salvoconducto. Una vez obtenido, embarcan en 17 galeras armadas de soldados en el puerto del Fanal, cercano a Génova y, aunque dice a sus generales que llevaba a su prisionero a Nápoles, en realidad pone rumbo a Barcelona, adonde llegan a mediados de junio. Desde allí escribe al emperador, que recibe sorprendido la noticia, y marcha a Valencia. Escoltados por la caballería real, marchan a Guadalajara, donde son agasajados por el duque del Infantazgo, que ordena lidiar once toros y un león. Una vez en Madrid, Francisco es recluido en el alcázar bajo la vigilancia de Alarcón hasta que consigue su libertad.

Temeroso el papa de que el emperador quiera extender su dominio a toda Italia, convoca a los nobles de las principales señorías y crea una liga a la que invitan a unirse a Pescara, que informa al emperador, traslada el ejército a Saboya y envía al maestre de campo Francisco Guastaldo con 11 banderas españolas (incluidas las de Luis de Viacampo y Juan de Vargas) y algunos caballos ligeros tomen el Carpio, donde resiste una guarnición francesa. El conde de Carpio pacta su rendición pero luego trama una emboscada. Esta fue descubierta por una moza que tenía amores con Francisco de Prosley, teniente de Guastaldo.

Alertados por Jerónimo Morón de las intrigas de la Liga, Pescara y Leiva envían a la compañía de Villaturriel a Villana, un paso fronterizo entre Francia e Italia donde se hacían postas y allí capturan una estafeta. Por ella conocen un complot para degollar a todas las guarniciones españolas el día de Santiago. Para evitarlo, Pescara ordena reunir a todas las fuerzas en Pavía, Lodi y otras plazas fuertes.

A finales de septiembre regresan de Francia once capitanes italianos a los que Pescara conmina a atravesar las líneas españolas con las banderas plegadas y en grupos de a veinte. Los italianos se niegan y se hacen fuertes en el castillo de Rebel. Cuando intentan desalojarlos, el maestre Urbina, que había regresado al campo, es herido de un arcabuzazo. A medianoche los italianos intentan salir del castillo sin ser vistos, mas son detectados y masacrados por los españoles.

El 2 de diciembre fallece el marqués de Pescara de tifus. El emperador entrega el mando del ejército de Italia al duque de Borbón, al que promete también el ducado de Milán en caso de que falleciera el duque. El 14 de diciembre se escapan del castillo de Pavía el príncipe de Navarra y el señor de Sant Paul, descolgándose por unas cuerdas.

Muerto Pescara, el papa Clemente le acusa de haber urdido la trama contra el emperador que, obviamente, no le cree.

Referencias

Notas

  1. Esta es la primera mención de un maestre de campo en el tratado de Cerezeda. Sandoval también confirma su empleo.
  2. Salvo este último, todos estos capitanes citados por Sandoval pero no por Cerezeda, aparecen en la muestra de 1525 recopilada por Villa.
  3. Este joven cordobés alternará sus funciones de soldado con las de escritor, regalando a la posteridad el Tratado de las campañas de los ejércitos del emperador Carlos V en Italia, Francia, Austria, Berbería y Grecia, desde 1521 hasta 1545. Una joya redescubierta por la Sociedad de Bibliófilos Españoles donde cuenta en primera persona las operaciones de los ejércitos españoles, la orgánica y plantilla de sus unidades, el personal que las integra desde general a soldado, las bajas que sufren en combate, los lugares por los que desfilan sus banderas y muchos otros datos de interés.
  4. Bautismo de fuego de Cerezeda.
  5. Según Sandoval, tanto Pescara como Vasto se encuentran ya en la sitiada Milán, el primero como teniente general del ejército, y el segundo como coronel de la infantería y capitán de hombres de armas. Cita además a Juan de Urbina como maestre de campo y al abad de Nájera como proveedor general.
  6. Cerezeda no incluye este aporte en su apéndice
  7. Cerezeda menciona este año como maestre de campo al comendador Urrías, quien debía serlo de caballería.
  8. Sandoval I, 591.
  9. Cerezeda describe a la perfección la fortaleza porque la medí muchas veces haciendo guardia en lo más alto della.
  10. Sandoval añade a un informante de la propia Marsella.
  11. Donde Urbina embarca hacia Nápoles para resolver cosas que a su honra tocaban.
  12. Entre ellos, Cerezeda.

Bibliografía

  • García Cerezeda, Martín: Tratado de las campañas y otros acontecimientos del emperador Carlos V. Sociedad de Bibliófilos Españoles. 1546/1873.
  • Sandoval, Prudencio: Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V. Geronymo Verdussen. 1614/1681.